Hola soy chiquilín…

Fui adoptado desde muy chiquito, lleno de energía y curiosidad. Como era un poco travieso, muchas veces no supieron entenderme y me mantenían amarrado. Eso me lastimó la garganta y, tristemente, también el corazón. A veces me pegaban, y por eso crecí con miedo y aprendí a ser tímido con los humanos.

Aun así, nunca dejé de creer que algo bonito me esperaba.

Con el tiempo llegué a un lugar donde me dieron paciencia, respeto y amor. Poco a poco volví a confiar. Hoy mi ladrido suena fuerte y claro, y aunque todavía me cuesta un poco, cada día me siento más seguro.

La vida también me regaló algo muy especial: reencontrarme con mi mamá salchicha. Ella también fue rescatada y llegó antes que yo, pero desde el primer momento me cuidó como solo una mamá sabe hacerlo. Siempre estaba pendiente de mí y se enojaba si alguien intentaba hacerme daño.

Ahora tengo una nueva familia, un hogar donde soy amado y protegido. Mi historia no empezó fácil, pero hoy sé que el amor sí puede cambiarlo todo.